Traducción clásica al español. Lee o escucha a tu ritmo, capítulo a capítulo.
1. Sun Tzu dijo: El arte de la guerra es de importancia vital para el Estado.
2. Es cuestión de vida o muerte, un camino que lleva a la seguridad o a la ruina. Por eso es una materia de estudio que en ningún caso puede descuidarse.
3. El arte de la guerra se rige, pues, por cinco factores constantes, que deben tenerse en cuenta en las deliberaciones a la hora de valorar las condiciones sobre el terreno.
4. Estos son: (1) la Doctrina; (2) el Cielo; (3) la Tierra; (4) el Mando; (5) el Método y la disciplina.
5, 6. La Doctrina hace que el pueblo esté en plena armonía con su gobernante, de modo que lo siga sin reparar en su propia vida, sin arredrarse ante ningún peligro.
7. El Cielo comprende la noche y el día, el frío y el calor, los tiempos y las estaciones.
8. La Tierra abarca las distancias, grandes y pequeñas; el peligro y la seguridad; el terreno abierto y los pasos estrechos; las posibilidades de vivir o morir.
9. El Mando representa las virtudes de la sabiduría, la sinceridad, la benevolencia, el valor y el rigor.
10. Por el Método y la disciplina hay que entender la organización del ejército en sus divisiones adecuadas, la graduación de los rangos entre los oficiales, el mantenimiento de los caminos por los que llegan los suministros al ejército y el control del gasto militar.
11. Todo general debe conocer bien estos cinco puntos: quien los conoce vencerá; quien los ignora fracasará.
12. Por tanto, en tus deliberaciones, cuando trates de valorar las condiciones militares, toma estos puntos como base de comparación, de este modo:
13. (1) ¿Cuál de los dos soberanos está imbuido de la Doctrina? (2) ¿Cuál de los dos generales tiene más capacidad? (3) ¿De qué lado están las ventajas que ofrecen el Cielo y la Tierra? (4) ¿En qué bando se aplica la disciplina con mayor rigor? (5) ¿Qué ejército es más fuerte? (6) ¿En qué bando están mejor adiestrados los oficiales y los soldados? (7) ¿En qué ejército hay mayor constancia tanto en las recompensas como en los castigos?
14. Con estas siete consideraciones puedo prever la victoria o la derrota.
15. El general que escuche mi consejo y actúe conforme a él, vencerá: ¡que se le mantenga en el mando! El general que no escuche mi consejo ni actúe conforme a él, sufrirá la derrota: ¡que se le destituya!
16. Sin dejar de aprovechar mi consejo, sírvete también de cualquier circunstancia favorable que vaya más allá de las reglas ordinarias.
17. Según sean favorables las circunstancias, hay que modificar los planes.
18. Toda guerra se basa en el engaño.
19. Por eso, cuando podamos atacar, debemos parecer incapaces; cuando movamos nuestras fuerzas, debemos parecer inactivos; cuando estemos cerca, debemos hacer creer al enemigo que estamos lejos; cuando estemos lejos, debemos hacerle creer que estamos cerca.
20. Tiende cebos para atraer al enemigo. Finge desorden, y aplástalo.
21. Si está seguro en todos los puntos, prepárate contra él. Si es superior en fuerza, evítalo.
22. Si tu adversario es de temperamento colérico, procura irritarlo. Finge debilidad, para que se vuelva arrogante.
23. Si está descansando, no le des tregua. Si sus fuerzas están unidas, sepáralas.
24. Atácalo donde no esté preparado, aparece donde no te espere.
25. Estos recursos militares, que conducen a la victoria, no deben divulgarse de antemano.
26. El general que gana una batalla hace muchos cálculos en su templo antes de librarla. El general que pierde una batalla hace pocos cálculos de antemano. Así, muchos cálculos llevan a la victoria, y pocos a la derrota: ¡cuánto más no hacer cálculo alguno! Atendiendo a este punto puedo prever quién tiene más probabilidades de ganar o de perder.
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1. Sun Tzu dijo: En las operaciones de guerra, cuando hay en campaña mil carros ligeros, otros tantos carros pesados y cien mil soldados con coraza, con provisiones para recorrer mil _li_, los gastos en la retaguardia y en el frente —incluida la atención a los huéspedes, las partidas menores como la cola y la pintura, y lo invertido en carros y armaduras— alcanzarán el total de mil onzas de plata al día. Eso cuesta levantar un ejército de cien mil hombres.
2. Cuando entres en combate, si la victoria tarda en llegar, las armas de los hombres se embotarán y su ardor se apagará. Si pones sitio a una ciudad, agotarás tus fuerzas.
3. Además, si la campaña se prolonga, los recursos del Estado no bastarán para sostener el esfuerzo.
4. Y cuando tus armas estén embotadas, tu ardor apagado, tus fuerzas agotadas y tu tesoro gastado, otros caudillos surgirán para aprovecharse de tu debilidad. Entonces nadie, por sabio que sea, podrá evitar las consecuencias.
5. Así pues, aunque se ha oído hablar de prisas torpes en la guerra, nunca se ha visto destreza unida a largas demoras.
6. No hay ejemplo de país que haya salido beneficiado de una guerra prolongada.
7. Solo quien conoce a fondo los males de la guerra puede comprender a fondo la manera provechosa de conducirla.
8. El soldado hábil no recluta una segunda leva, ni carga sus carros de suministros más de dos veces.
9. Lleva contigo el material de guerra desde casa, pero abastécete a costa del enemigo. Así el ejército tendrá comida suficiente para sus necesidades.
10. La pobreza del tesoro público obliga a mantener el ejército con aportaciones enviadas desde lejos. Y mantener un ejército a distancia empobrece al pueblo.
11. Por otra parte, la cercanía de un ejército hace subir los precios; y los precios altos agotan los recursos del pueblo.
12. Cuando sus recursos se agotan, el campesinado se ve afligido por tributos onerosos.
13, 14. Con esta pérdida de recursos y este agotamiento de fuerzas, los hogares del pueblo quedarán esquilmados y tres décimas partes de sus ingresos se esfumarán; mientras, los gastos del Gobierno en carros rotos, caballos agotados, corazas y yelmos, arcos y flechas, lanzas y escudos, manteletes de protección, bueyes de tiro y carros pesados ascenderán a cuatro décimas partes de su renta total.
15. Por eso el general sabio procura abastecerse a costa del enemigo. Una carreta de provisiones del enemigo equivale a veinte de las propias, y un solo _picul_ de su forraje equivale a veinte de los almacenes propios.
16. Ahora bien, para matar al enemigo, nuestros hombres deben estar encendidos de ira; y para que derrotar al enemigo reporte ventaja, deben recibir sus recompensas.
17. Por tanto, en el combate de carros, cuando se hayan capturado diez o más, hay que recompensar a quienes tomaron el primero. Nuestras banderas deben sustituir a las del enemigo, y sus carros, mezclarse con los nuestros y emplearse junto a ellos. A los soldados capturados hay que tratarlos bien y conservarlos.
18. A esto se le llama usar al enemigo vencido para aumentar la propia fuerza.
19. En la guerra, pues, que tu gran objetivo sea la victoria, no las campañas largas.
20. Así puede saberse que quien dirige los ejércitos es el árbitro del destino del pueblo, el hombre de quien depende que la nación viva en paz o en peligro.
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1. Sun Tzu dijo: En la práctica del arte de la guerra, lo mejor de todo es tomar el país enemigo entero e intacto; destrozarlo y destruirlo no es tan bueno. Del mismo modo, es mejor capturar un ejército completo que destruirlo, y capturar un regimiento, un destacamento o una compañía enteros que aniquilarlos.
2. Por eso, luchar y vencer en todas las batallas no es la excelencia suprema; la excelencia suprema consiste en quebrar la resistencia del enemigo sin combatir.
3. Así, la forma más alta del mando militar es frustrar los planes del enemigo; la siguiente, impedir que sus fuerzas se unan; después viene atacar a su ejército en campo abierto; y la peor política de todas es asediar ciudades amuralladas.
4. La regla es no asediar ciudades amuralladas si puede evitarse de algún modo. Preparar los manteletes, los refugios móviles y los diversos pertrechos de guerra llevará tres meses enteros; y levantar terraplenes frente a las murallas llevará otros tres.
5. El general, incapaz de dominar su impaciencia, lanzará a sus hombres al asalto como un enjambre de hormigas, con el resultado de que un tercio de ellos morirá sin que la ciudad haya caído. Tales son los efectos desastrosos de un asedio.
6. Por tanto, el jefe hábil somete a las tropas enemigas sin combatir; toma sus ciudades sin asediarlas; derriba su reino sin largas operaciones en el campo.
7. Con sus fuerzas intactas disputará el dominio del Imperio y así, sin perder un solo hombre, su triunfo será completo. Este es el método de atacar por estratagema.
8. La regla en la guerra es esta: si nuestras fuerzas son diez contra una del enemigo, rodearlo; si cinco contra una, atacarlo; si le doblamos en número, dividir nuestro ejército en dos.
9. Si las fuerzas están igualadas, podemos presentar batalla; si somos ligeramente inferiores en número, podemos evitar al enemigo; si somos inferiores en todos los aspectos, podemos huir de él.
10. Por eso, aunque una fuerza pequeña pueda resistir con obstinación, al final acabará capturada por la fuerza mayor.
11. Ahora bien, el general es el baluarte del Estado: si el baluarte está completo en todos sus puntos, el Estado será fuerte; si el baluarte tiene grietas, el Estado será débil.
12. Hay tres maneras en que un gobernante puede acarrear la desgracia a su ejército:
13. (1) Ordenar al ejército que avance o retroceda ignorando que no puede obedecer. A esto se le llama maniatar al ejército.
14. (2) Pretender gobernar un ejército igual que administra un reino, ignorando las condiciones propias de la vida militar. Esto siembra la inquietud en el ánimo de los soldados.
15. (3) Emplear a los oficiales de su ejército sin distinguir entre ellos, por ignorar el principio militar de adaptarse a las circunstancias. Esto quebranta la confianza de los soldados.
16. Y cuando el ejército está inquieto y desconfiado, los problemas con los demás príncipes feudales no tardarán en llegar. Esto no es más que sembrar la anarquía en el ejército y regalar la victoria.
17. Así podemos saber que hay cinco condiciones esenciales para la victoria: (1) Vencerá quien sabe cuándo luchar y cuándo no luchar. (2) Vencerá quien sabe manejar tanto fuerzas superiores como inferiores. (3) Vencerá aquel cuyo ejército está animado por un mismo espíritu en todos sus rangos. (4) Vencerá quien, estando él preparado, espera para sorprender al enemigo desprevenido. (5) Vencerá quien tiene capacidad militar y no sufre la injerencia del soberano. La victoria reside en el conocimiento de estos cinco puntos.
18. De ahí el dicho: si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no debes temer el resultado de cien batallas. Si te conoces a ti mismo pero no al enemigo, por cada victoria que obtengas sufrirás también una derrota. Si no conoces al enemigo ni te conoces a ti mismo, sucumbirás en todas las batallas.
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1. Sun Tzu dijo: Los buenos guerreros de la antigüedad primero se ponían a salvo de toda posibilidad de derrota, y después aguardaban la ocasión de derrotar al enemigo.
2. Protegernos de la derrota está en nuestras manos; la ocasión de vencer al enemigo la ofrece el propio enemigo.
3. Así, el buen guerrero puede ponerse a salvo de la derrota, pero no puede tener por segura la victoria sobre el enemigo.
4. De ahí el dicho: se puede saber cómo vencer sin ser capaz de lograrlo.
5. Estar a salvo de la derrota implica una táctica defensiva; la capacidad de derrotar al enemigo exige pasar a la ofensiva.
6. Mantenerse a la defensiva indica fuerzas insuficientes; atacar, fuerzas sobradas.
7. El general hábil en la defensa se oculta en los repliegues más recónditos de la tierra; el hábil en el ataque se lanza desde lo más alto del cielo. Así, por un lado tenemos la capacidad de protegernos; por otro, una victoria completa.
8. Ver la victoria solo cuando ya está al alcance del común de las gentes no es la cima de la excelencia.
9. Tampoco lo es combatir y vencer y que el Imperio entero exclame: «¡Bien hecho!».
10. Levantar un cabello de otoño no es señal de gran fuerza; ver el sol y la luna no es señal de vista aguda; oír el estruendo del trueno no es señal de oído fino.
11. Lo que los antiguos llamaban un combatiente hábil es aquel que no solo vence, sino que sobresale por vencer con facilidad.
12. Por eso sus victorias no le dan fama de sabio ni renombre de valiente.
13. Gana sus batallas porque no comete errores. No cometer errores es lo que asegura la certeza de la victoria, pues significa vencer a un enemigo que ya está derrotado.
14. Por eso el combatiente diestro se sitúa en una posición que hace imposible la derrota y no deja escapar el momento de vencer al enemigo.
15. Así, en la guerra, el estratega victorioso solo busca la batalla cuando la victoria ya está ganada, mientras que el destinado a la derrota primero combate y después busca la victoria.
16. El líder consumado cultiva la Doctrina y se atiene con rigor al Método y la disciplina; así tiene en su mano el dominio del éxito.
17. En cuanto al método militar, tenemos: primero, la Medición; segundo, la Estimación de la cantidad; tercero, el Cálculo; cuarto, la Ponderación de las probabilidades; quinto, la Victoria.
18. La Medición nace de la Tierra; la Estimación de la cantidad, de la Medición; el Cálculo, de la Estimación de la cantidad; la Ponderación de las probabilidades, del Cálculo; y la Victoria, de la Ponderación de las probabilidades.
19. Un ejército victorioso frente a uno en desbandada es como el peso de una libra puesto en la balanza contra un solo grano.
20. La embestida de una fuerza vencedora es como el estallido de aguas contenidas que se precipitan en un abismo de mil brazas de profundidad. Esto es cuanto hay que decir sobre las disposiciones tácticas.
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1. Sun Tzu dijo: El control de una fuerza numerosa sigue el mismo principio que el control de unos pocos hombres: es solo cuestión de dividir sus efectivos.
2. Combatir al mando de un gran ejército no difiere en nada de hacerlo con uno pequeño: es solo cuestión de establecer signos y señales.
3. Lograr que todo tu ejército resista el embate del ataque enemigo y permanezca firme: esto se consigue mediante maniobras directas e indirectas.
4. Que el impacto de tu ejército sea como el de una piedra de molino lanzada contra un huevo: esto se consigue mediante la ciencia de los puntos débiles y fuertes.
5. En todo combate, el método directo puede emplearse para trabar batalla, pero los métodos indirectos serán necesarios para asegurar la victoria.
6. Los métodos indirectos, aplicados con eficacia, son inagotables como el Cielo y la Tierra, interminables como el curso de los ríos; como el sol y la luna, terminan solo para comenzar de nuevo; como las cuatro estaciones, pasan solo para regresar una vez más.
7. No hay más de cinco notas musicales, y sin embargo sus combinaciones dan lugar a más melodías de las que jamás podrán oírse.
8. No hay más de cinco colores primarios (azul, amarillo, rojo, blanco y negro), y sin embargo combinados producen más matices de los que jamás podrán verse.
9. No hay más de cinco sabores fundamentales (ácido, acre, salado, dulce y amargo), y sin embargo sus combinaciones producen más sabores de los que jamás podrán probarse.
10. En la batalla no hay más de dos métodos de ataque, el directo y el indirecto; y sin embargo estos dos, combinados, dan lugar a una serie inagotable de maniobras.
11. Lo directo y lo indirecto se engendran el uno al otro por turnos. Es como moverse en círculo: nunca se llega al final. ¿Quién podría agotar las posibilidades de su combinación?
12. La acometida de las tropas es como la crecida de un torrente, capaz de arrastrar incluso las piedras a su paso.
13. La calidad de la decisión es como la caída del halcón en el momento justo, que le permite golpear y destruir a su presa.
14. Por eso el buen combatiente será terrible en su acometida y rápido en su decisión.
15. La energía puede compararse a tensar una ballesta; la decisión, a soltar el disparador.
16. En medio del estruendo y el tumulto de la batalla puede haber un desorden aparente sin que exista desorden real alguno; en medio de la confusión y el caos, tu formación puede parecer sin pies ni cabeza y, aun así, ser inmune a la derrota.
17. El desorden simulado exige una disciplina perfecta; el miedo simulado exige valor; la debilidad simulada exige fuerza.
18. Ocultar el orden bajo el manto del desorden es simple cuestión de subdivisión; esconder el valor tras una apariencia de timidez presupone una reserva de energía latente; enmascarar la fuerza con debilidad se logra mediante disposiciones tácticas.
19. Así, quien es hábil en mantener al enemigo en movimiento sostiene apariencias engañosas, conforme a las cuales el enemigo actuará. Sacrifica algo para que el enemigo se lance a por ello.
20. Con cebos lo mantiene en marcha; después, con un cuerpo de hombres escogidos, lo aguarda emboscado.
21. El combatiente inteligente atiende al efecto de la energía combinada y no exige demasiado de los individuos. De ahí su capacidad para escoger a los hombres adecuados y aprovechar la energía combinada.
22. Cuando aprovecha la energía combinada, sus soldados se vuelven como troncos o piedras que ruedan. Pues está en la naturaleza del tronco y de la piedra permanecer inmóviles en terreno llano y moverse en la pendiente; detenerse si tienen aristas y rodar cuesta abajo si son redondos.
23. Así, la energía que desarrollan los buenos combatientes es como el impulso de una piedra redonda que rueda montaña abajo desde miles de pies de altura. Esto es cuanto cabe decir sobre la energía.
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1. Sun Tzu dijo: Quien llega primero al campo de batalla y espera al enemigo estará descansado para el combate; quien llega segundo y debe apresurarse a luchar llegará agotado.
2. Por eso el combatiente hábil impone su voluntad al enemigo, y no permite que el enemigo le imponga la suya.
3. Ofreciéndole ventajas puede hacer que el enemigo se acerque por propia voluntad; o, causándole daño, puede impedirle aproximarse.
4. Si el enemigo descansa tranquilo, puede hostigarlo; si está bien abastecido de víveres, puede hacer que pase hambre; si acampa en calma, puede obligarlo a moverse.
5. Aparece en puntos que el enemigo deba correr a defender; marcha con rapidez hacia lugares donde no te espere.
6. Un ejército puede recorrer grandes distancias sin fatiga si marcha por territorio donde no está el enemigo.
7. Puedes estar seguro del éxito de tus ataques si solo atacas lugares indefensos. Puedes garantizar la seguridad de tu defensa si solo ocupas posiciones que no pueden ser atacadas.
8. Por eso es hábil en el ataque el general cuyo adversario no sabe qué defender; y es hábil en la defensa aquel cuyo adversario no sabe qué atacar.
9. ¡Oh, arte divino de la sutileza y el secreto! Por ti aprendemos a ser invisibles; por ti, inaudibles; y así podemos tener el destino del enemigo en nuestras manos.
10. Puedes avanzar y ser del todo irresistible si te diriges a los puntos débiles del enemigo; puedes retirarte y quedar a salvo de toda persecución si tus movimientos son más rápidos que los suyos.
11. Si queremos combatir, podemos forzar al enemigo a entrar en batalla aunque se resguarde tras una alta muralla y un foso profundo. Basta con atacar algún otro punto que se vea obligado a socorrer.
12. Si no queremos combatir, podemos impedir que el enemigo nos ataque aunque las líneas de nuestro campamento estén apenas trazadas en el suelo. Basta con poner en su camino algo extraño e inexplicable.
13. Descubriendo las disposiciones del enemigo y permaneciendo nosotros invisibles, podemos mantener nuestras fuerzas concentradas mientras las suyas han de dividirse.
14. Podemos formar un solo cuerpo unido, mientras el enemigo debe fragmentarse. Habrá entonces un todo enfrentado a partes sueltas de un todo, lo que significa que seremos muchos frente a los pocos del enemigo.
15. Y si así podemos atacar a una fuerza inferior con otra superior, nuestros adversarios se verán en graves aprietos.
16. El lugar donde pensamos combatir no debe darse a conocer; así el enemigo tendrá que prepararse contra un posible ataque en varios puntos distintos; y, con sus fuerzas repartidas en muchas direcciones, los efectivos que encontraremos en cada punto serán proporcionalmente escasos.
17. Pues si el enemigo refuerza su vanguardia, debilitará su retaguardia; si refuerza su retaguardia, debilitará su vanguardia; si refuerza su izquierda, debilitará su derecha; si refuerza su derecha, debilitará su izquierda. Si envía refuerzos a todas partes, será débil en todas partes.
18. La debilidad numérica nace de tener que prepararse contra posibles ataques; la fuerza numérica, de obligar al adversario a hacer esos preparativos contra nosotros.
19. Conociendo el lugar y el momento de la batalla que se avecina, podemos concentrarnos desde las mayores distancias para combatir.
20. Pero si no se conocen ni el momento ni el lugar, el ala izquierda no podrá socorrer a la derecha, ni la derecha a la izquierda, ni la vanguardia auxiliar a la retaguardia, ni la retaguardia sostener a la vanguardia. ¡Cuánto más si las partes más alejadas del ejército distan entre sí hasta cien li, y aun las más próximas están separadas por varios li!
21. Aunque, según mis cálculos, los soldados de Yue superan en número a los nuestros, eso de nada les servirá para la victoria. Afirmo, pues, que la victoria puede lograrse.
22. Aunque el enemigo sea superior en número, podemos impedirle combatir. Maniobra para descubrir sus planes y las probabilidades de que tengan éxito.
23. Provócalo, y conoce el principio de su actividad o de su inactividad. Oblígalo a mostrarse, para descubrir sus puntos vulnerables.
24. Compara con cuidado el ejército contrario con el tuyo, para saber dónde sobra la fuerza y dónde falta.
25. Al tomar disposiciones tácticas, lo más alto que puedes alcanzar es ocultarlas; oculta tus disposiciones y estarás a salvo de la curiosidad de los espías más sutiles y de las maquinaciones de las mentes más sagaces.
26. Cómo puede obtenerse la victoria a partir de la propia táctica del enemigo: eso es lo que la multitud no alcanza a comprender.
27. Todos los hombres pueden ver la táctica con la que venzo, pero nadie puede ver la estrategia de la que nace la victoria.
28. No repitas la táctica que te dio una victoria; deja que tus métodos se ajusten a la infinita variedad de las circunstancias.
29. La táctica militar es como el agua, pues el agua, en su curso natural, huye de las alturas y se apresura hacia abajo.
30. Así, en la guerra, el camino consiste en evitar lo fuerte y golpear lo débil.
31. El agua traza su curso según la naturaleza del terreno por el que fluye; el soldado forja su victoria según el enemigo al que se enfrenta.
32. Por tanto, igual que el agua no conserva una forma constante, en la guerra no hay condiciones constantes.
33. Quien sabe modificar su táctica según el adversario y lograr así la victoria merece llamarse capitán nacido del Cielo.
34. Los cinco elementos (agua, fuego, madera, metal, tierra) no predominan siempre por igual; las cuatro estaciones se ceden el paso unas a otras. Hay días cortos y días largos; la luna mengua y crece por periodos.
1. Sun Tzu dijo: En la guerra, el general recibe sus órdenes del soberano.
2. Tras reunir un ejército y concentrar sus fuerzas, debe fundir y armonizar sus distintos elementos antes de plantar el campamento.
3. Después vienen las maniobras tácticas, y no hay nada más difícil. La dificultad de las maniobras tácticas consiste en convertir lo tortuoso en directo y el infortunio en ganancia.
4. Así, tomar una ruta larga y sinuosa tras apartar al enemigo del camino y, aun partiendo después que él, ingeniárselas para llegar a la meta antes, demuestra conocer el artificio del *rodeo*.
5. Maniobrar con un ejército es ventajoso; con una multitud indisciplinada, muy peligroso.
6. Si pones en marcha un ejército con todo su equipo para arrebatar una ventaja, lo más probable es que llegues tarde. Y si, con ese fin, destacas una columna ligera, sacrificas su bagaje y sus provisiones.
7. Así, si ordenas a tus hombres enrollar las corazas de cuero y hacer marchas forzadas sin detenerse ni de día ni de noche, cubriendo de una tirada el doble de la distancia habitual, recorriendo cien *li* para arrebatar una ventaja, los jefes de tus tres divisiones caerán en manos del enemigo.
8. Los hombres más fuertes irán delante y los agotados quedarán rezagados, y con este plan solo una décima parte de tu ejército llegará a su destino.
9. Si marchas cincuenta *li* para superar en maniobra al enemigo, perderás al jefe de tu primera división y solo la mitad de tus fuerzas alcanzará la meta.
10. Si marchas treinta *li* con el mismo propósito, llegarán dos tercios de tu ejército.
11. Podemos dar por sentado, pues, que un ejército sin su tren de bagajes está perdido; sin provisiones, está perdido; sin bases de abastecimiento, está perdido.
12. No podemos concertar alianzas hasta conocer los designios de nuestros vecinos.
13. No estamos en condiciones de conducir un ejército en marcha si no conocemos el aspecto del terreno: sus montañas y bosques, sus barrancos y precipicios, sus marismas y pantanos.
14. No sabremos sacar partido de las ventajas naturales si no recurrimos a guías locales.
15. En la guerra, practica el engaño y triunfarás. Muévete solo si hay una ventaja real que ganar.
16. Concentrar o dividir las tropas es algo que deben decidir las circunstancias.
17. Que tu rapidez sea la del viento, y tu cohesión, la del bosque.
18. En la incursión y el saqueo sé como el fuego; en la inmovilidad, como una montaña.
19. Que tus planes sean oscuros e impenetrables como la noche, y cuando te muevas, cae como el rayo.
20. Cuando saquees una comarca, reparte el botín entre tus hombres; cuando conquistes territorio nuevo, divídelo en lotes en beneficio de la tropa.
21. Pondera y delibera antes de hacer un movimiento.
22. Vencerá quien haya aprendido el artificio del rodeo. Tal es el arte de las maniobras.
23. El Libro del Gobierno del Ejército dice: en el campo de batalla, la palabra hablada no llega lo bastante lejos; de ahí la institución de gongs y tambores. Tampoco los objetos corrientes se distinguen con suficiente claridad; de ahí la institución de banderas y estandartes.
24. Gongs y tambores, banderas y estandartes son los medios para concentrar los oídos y los ojos de la tropa en un punto determinado.
25. Formando así la tropa un solo cuerpo unido, resulta imposible que el valiente avance solo o que el cobarde retroceda solo. Tal es el arte de manejar grandes masas de hombres.
26. En el combate nocturno, pues, sírvete mucho de fuegos de señales y tambores, y en el combate diurno, de banderas y estandartes, como medio de influir en los oídos y los ojos de tu ejército.
27. A todo un ejército se le puede robar el ánimo; a un general en jefe se le puede robar la serenidad.
28. El ánimo del soldado está más encendido por la mañana; al mediodía empieza a decaer, y al anochecer solo piensa en volver al campamento.
29. Por eso el general hábil evita al ejército cuando su ánimo está encendido y lo ataca cuando languidece y piensa en el regreso. Tal es el arte de estudiar los estados de ánimo.
30. Disciplinado y sereno, aguardar a que aparezcan el desorden y el tumulto en las filas enemigas: tal es el arte de conservar el dominio de uno mismo.
31. Estar cerca de la meta cuando el enemigo aún está lejos, esperar descansado mientras el enemigo se afana y forcejea, estar bien alimentado mientras el enemigo pasa hambre: tal es el arte de administrar las propias fuerzas.
32. Abstenerse de interceptar a un enemigo cuyos estandartes están en perfecto orden, abstenerse de atacar a un ejército formado en disposición serena y confiada: tal es el arte de estudiar las circunstancias.
33. Es un axioma militar no avanzar cuesta arriba contra el enemigo ni hacerle frente cuando baja la pendiente.
34. No persigas a un enemigo que simula la huida; no ataques a soldados de ánimo encendido.
35. No muerdas el cebo que te ofrezca el enemigo. No estorbes a un ejército que regresa a su tierra.
36. Cuando rodees a un ejército, déjale una salida libre. No acoses en exceso a un enemigo desesperado.
37. Tal es el arte de la guerra.
1. Sun Tzu dijo: En la guerra, el general recibe sus órdenes del soberano, reúne su ejército y concentra sus fuerzas.
2. En terreno difícil, no acampes. En terreno donde se cruzan las grandes vías, únete a tus aliados. No te demores en posiciones peligrosamente aisladas. En situaciones de cerco, recurre a la estratagema. En una posición desesperada, lucha.
3. Hay caminos que no deben seguirse, ejércitos que no deben atacarse, ciudades que no deben sitiarse, posiciones que no deben disputarse y órdenes del soberano que no deben obedecerse.
4. El general que comprende a fondo las ventajas que acompañan a la variación de las tácticas sabe cómo manejar a sus tropas.
5. El general que no las comprende podrá conocer bien la configuración del terreno, pero no sabrá sacar provecho práctico de ese conocimiento.
6. Así, quien estudia la guerra sin dominar el arte de variar sus planes, aunque conozca las Cinco Ventajas, no logrará sacar el mejor partido de sus hombres.
7. Por eso, en los planes del jefe sabio, las consideraciones de ventaja y de desventaja se sopesan juntas.
8. Si templamos de este modo nuestra esperanza de ventaja, podremos cumplir la parte esencial de nuestros propósitos.
9. Si, por el contrario, en medio de las dificultades estamos siempre dispuestos a aprovechar una ventaja, podremos librarnos de la desgracia.
10. Doblega a los jefes enemigos causándoles daño; créales problemas y mantenlos ocupados sin descanso; tiéntalos con señuelos engañosos y hazlos acudir precipitadamente adonde te convenga.
11. El arte de la guerra nos enseña a no confiar en que el enemigo no venga, sino en estar preparados para recibirlo; a no confiar en que no ataque, sino en haber hecho inexpugnable nuestra posición.
12. Cinco son los defectos peligrosos que pueden afectar a un general: (1) la temeridad, que conduce a la destrucción; (2) la cobardía, que conduce a la captura; (3) el carácter irascible, que se deja provocar por los insultos; (4) un pundonor tan delicado que lo hace sensible a la vergüenza; (5) el exceso de solicitud por sus hombres, que lo expone a la inquietud y a los contratiempos.
13. Estos son los cinco pecados que acechan al general, ruinosos para la conducción de la guerra.
14. Cuando un ejército es derrotado y su jefe muere, la causa se hallará sin duda entre estos cinco defectos peligrosos. Sean, pues, materia de meditación.
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1. Sun Tzu dijo: Llegamos ahora a la cuestión de acampar el ejército y observar los indicios del enemigo. Cruza deprisa las montañas y mantente cerca de los valles.
2. Acampa en lugares elevados, de cara al sol. Los lugares angostos, los matorrales enmarañados, los cenagales y las grietas del terreno deben abandonarse con toda la rapidez posible y no acercarse a ellos.
16. Mientras nosotros nos mantenemos lejos de esos lugares, debemos procurar que el enemigo se acerque a ellos; mientras nosotros los tenemos de frente, debemos hacer que el enemigo los tenga a su espalda.
17. Si en las cercanías de tu campamento hay terreno accidentado, charcas rodeadas de hierbas acuáticas, hondonadas cubiertas de juncos o bosques de maleza espesa, hay que batirlos y registrarlos con cuidado, pues son lugares donde suelen esconderse hombres emboscados o espías insidiosos.
18. Cuando el enemigo está cerca y permanece quieto, confía en la fuerza natural de su posición.
19. Cuando se mantiene a distancia y trata de provocar la batalla, está deseando que sea el otro bando quien avance.
20. Si su lugar de acampada es de fácil acceso, está tendiendo un cebo.
21. El movimiento entre los árboles de un bosque indica que el enemigo avanza. La aparición de numerosas pantallas en medio de la hierba espesa significa que el enemigo quiere despertar nuestras sospechas.
22. Que las aves alcen el vuelo es señal de emboscada. Las bestias espantadas anuncian que se acerca un ataque por sorpresa.
23. Cuando el polvo se levanta en una columna alta, es señal de que avanzan carros; cuando el polvo es bajo pero se extiende por una zona amplia, delata la llegada de infantería. Cuando se ramifica en distintas direcciones, indica que se han enviado partidas a recoger leña. Unas pocas nubes de polvo que van y vienen significan que el ejército está acampando.
24. Palabras humildes y preparativos redoblados son señal de que el enemigo está a punto de avanzar. Un lenguaje violento y avanzar como si fuera a atacar son señal de que se retirará.
25. Cuando los carros ligeros salen primero y toman posición en los flancos, es señal de que el enemigo se está formando para la batalla.
26. Las propuestas de paz sin un pacto jurado indican una conjura.
27. Cuando hay mucho ir y venir y los soldados forman filas, significa que ha llegado el momento decisivo.
28. Cuando se ve a unos avanzar y a otros retroceder, es un señuelo.
29. Cuando los soldados permanecen apoyados en sus lanzas, están desfallecidos por falta de comida.
30. Si los enviados a buscar agua empiezan por beber ellos mismos, el ejército padece sed.
31. Si el enemigo ve una ventaja a su alcance y no hace nada por conseguirla, sus soldados están agotados.
32. Si las aves se posan en un lugar, es que está desocupado. El griterío nocturno delata nerviosismo.
33. Si hay desorden en el campamento, la autoridad del general es débil. Si los estandartes y banderas cambian de sitio, se está fraguando una sedición. Si los oficiales se irritan, es que los hombres están exhaustos.
34. Cuando un ejército da grano a sus caballos y sacrifica sus reses para comer, y cuando los hombres no cuelgan sus ollas sobre las hogueras del campamento, mostrando que no volverán a sus tiendas, puedes estar seguro de que están decididos a luchar hasta la muerte.
35. Ver a los hombres cuchichear en corrillos o hablar en voz baja apunta a descontento entre la tropa.
36. Recompensas demasiado frecuentes indican que el enemigo está al límite de sus recursos; demasiados castigos delatan una situación de grave apuro.
37. Empezar con bravatas y asustarse después ante el número del enemigo demuestra una falta suprema de inteligencia.
38. Cuando se envían emisarios con cumplidos en la boca, es señal de que el enemigo desea una tregua.
39. Si las tropas enemigas avanzan con furia y permanecen largo tiempo frente a las nuestras sin entablar batalla ni retirarse, la situación exige gran vigilancia y prudencia.
40. Si nuestras tropas no superan en número a las del enemigo, con eso basta y sobra; solo significa que no puede lanzarse un ataque frontal. Lo que podemos hacer es, sencillamente, concentrar todas las fuerzas disponibles, vigilar de cerca al enemigo y conseguir refuerzos.
41. Quien no ejerce previsión alguna y toma a la ligera a sus adversarios acabará sin duda capturado por ellos.
42. Si se castiga a los soldados antes de que te hayan tomado apego, no serán obedientes; y si no son obedientes, serán prácticamente inútiles. Si, una vez que los soldados te han tomado apego, no se aplican los castigos, seguirán siendo inútiles.
43. Por tanto, a los soldados hay que tratarlos primero con humanidad, pero mantenerlos sujetos con una disciplina de hierro. Este es un camino seguro hacia la victoria.
44. Si durante la instrucción las órdenes se hacen cumplir de manera habitual, el ejército estará bien disciplinado; si no, su disciplina será mala.
45. Si el general muestra confianza en sus hombres pero exige siempre que sus órdenes se obedezcan, la ganancia será mutua.
1. Sun Tzu dijo: Podemos distinguir seis clases de terreno, a saber: (1) terreno accesible; (2) terreno que atrapa; (3) terreno de espera; (4) desfiladeros; (5) alturas escarpadas; (6) posiciones muy alejadas del enemigo.
2. El terreno que ambos bandos pueden recorrer con libertad se llama _accesible_.
3. En un terreno de esta naturaleza, adelántate al enemigo en ocupar los puntos elevados y soleados, y protege con cuidado tu línea de suministros. Así podrás combatir con ventaja.
4. El terreno que puede abandonarse pero es difícil de volver a ocupar se llama _terreno que atrapa_.
5. Desde una posición de este tipo, si el enemigo está desprevenido, puedes salir a su encuentro y derrotarlo. Pero si el enemigo está preparado para tu llegada y no logras vencerlo, entonces, siendo imposible el regreso, sobrevendrá el desastre.
6. Cuando la posición es tal que ningún bando gana nada moviéndose primero, se llama terreno _de espera_.
7. En una posición de este tipo, aunque el enemigo nos ofrezca un cebo tentador, conviene no salir, sino más bien retirarse para atraerlo a él a su vez; entonces, cuando parte de su ejército haya salido, podremos lanzar nuestro ataque con ventaja.
8. En cuanto a los _desfiladeros_, si puedes ocuparlos primero, guarnécelos con fuerza y espera la llegada del enemigo.
9. Si el enemigo se te adelanta en ocupar un desfiladero, no vayas tras él si lo tiene bien guarnecido; hazlo solo si la guarnición es débil.
10. En cuanto a las _alturas escarpadas_, si llegas antes que tu adversario, ocupa los puntos elevados y soleados y espera allí a que suba.
11. Si el enemigo las ha ocupado antes que tú, no lo sigas: retírate e intenta atraerlo fuera de ellas.
12. Si te encuentras muy alejado del enemigo y las fuerzas de ambos ejércitos son iguales, no es fácil provocar la batalla, y combatir jugará en tu contra.
13. Estos son los seis principios relativos a la Tierra. El general que ha alcanzado un puesto de responsabilidad debe estudiarlos con esmero.
14. Ahora bien, un ejército está expuesto a seis calamidades que no proceden de causas naturales, sino de faltas de las que el general es responsable. Son estas: (1) la huida; (2) la insubordinación; (3) el hundimiento; (4) la ruina; (5) la desorganización; (6) la desbandada.
15. En igualdad de condiciones, si una fuerza se lanza contra otra diez veces mayor, el resultado será la _huida_ de la primera.
16. Cuando los soldados rasos son demasiado fuertes y sus oficiales demasiado débiles, el resultado es la _insubordinación_. Cuando los oficiales son demasiado fuertes y los soldados rasos demasiado débiles, el resultado es el _hundimiento_.
17. Cuando los oficiales superiores, airados e insubordinados, al encontrarse con el enemigo presentan batalla por su cuenta movidos por el resentimiento, antes de que el general en jefe pueda saber si está o no en condiciones de combatir, el resultado es la _ruina_.
18. Cuando el general es débil y carece de autoridad; cuando sus órdenes no son claras ni precisas; cuando no hay deberes fijos asignados a oficiales y soldados, y las filas se forman de manera descuidada y azarosa, el resultado es la _desorganización_ total.
19. Cuando un general, incapaz de calcular la fuerza del enemigo, permite que una fuerza inferior se enfrente a otra mayor, o lanza un destacamento débil contra uno poderoso, y descuida colocar soldados escogidos en primera línea, el resultado ha de ser la _desbandada_.
20. Estas son seis maneras de buscar la derrota, que debe tener muy presentes el general que ha alcanzado un puesto de responsabilidad.
21. La configuración natural del terreno es el mejor aliado del soldado; pero la capacidad de calibrar al adversario, de dominar las fuerzas de la victoria y de calcular con astucia las dificultades, los peligros y las distancias constituye la prueba del gran general.
22. Quien conoce estas cosas y las pone en práctica al combatir ganará sus batallas. Quien no las conoce ni las practica será derrotado sin remedio.
23. Si el combate ha de conducir con seguridad a la victoria, debes combatir aunque el soberano lo prohíba; si el combate no ha de conducir a la victoria, no debes combatir aunque el soberano lo ordene.
24. El general que avanza sin codiciar la fama y se retira sin temer la deshonra, cuyo único pensamiento es proteger a su país y servir bien a su soberano, es la joya del reino.
25. Trata a tus soldados como a tus hijos, y te seguirán hasta los valles más profundos; míralos como a tus hijos queridos, y permanecerán a tu lado hasta la muerte.
26. Pero si eres indulgente sin saber hacer sentir tu autoridad; bondadoso sin saber hacer cumplir tus órdenes; e incapaz, además, de sofocar el desorden, entonces tus soldados serán como niños malcriados: inútiles para cualquier propósito práctico.
27. Si sabemos que nuestros hombres están en condiciones de atacar, pero ignoramos que el enemigo no es vulnerable al ataque, solo hemos recorrido la mitad del camino hacia la victoria.
28. Si sabemos que el enemigo es vulnerable al ataque, pero ignoramos que nuestros hombres no están en condiciones de atacar, solo hemos recorrido la mitad del camino hacia la victoria.
29. Si sabemos que el enemigo es vulnerable al ataque, y sabemos también que nuestros hombres están en condiciones de atacar, pero ignoramos que la naturaleza del terreno hace impracticable el combate, seguimos habiendo recorrido solo la mitad del camino hacia la victoria.
30. Por eso el soldado experimentado, una vez en marcha, nunca se desconcierta; una vez levantado el campamento, nunca se encuentra perdido.
31. De ahí el dicho: si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, tu victoria no estará en duda; si conoces el Cielo y conoces la Tierra, podrás hacer tu victoria completa.
1. Sun Tzu dijo: El arte de la guerra reconoce nueve clases de terreno: (1) terreno de dispersión; (2) terreno fácil; (3) terreno disputado; (4) terreno abierto; (5) terreno de encrucijada; (6) terreno grave; (7) terreno difícil; (8) terreno cercado; (9) terreno desesperado.
2. Cuando un jefe combate en su propio territorio, es terreno de dispersión.
3. Cuando ha penetrado en territorio hostil, pero no a gran profundidad, es terreno fácil.
4. El terreno cuya posesión aporta gran ventaja a cualquiera de los dos bandos es terreno disputado.
5. El terreno en el que ambos bandos tienen libertad de movimiento es terreno abierto.
6. El terreno que constituye la llave de tres estados contiguos, de modo que quien lo ocupa primero tiene a su disposición la mayor parte del Imperio, es terreno de encrucijada.
7. Cuando un ejército ha penetrado hasta el corazón de un país hostil, dejando a su espalda varias ciudades fortificadas, es terreno grave.
8. Bosques de montaña, pendientes escarpadas, marismas y ciénagas: todo país difícil de atravesar es terreno difícil.
9. El terreno al que se llega por desfiladeros estrechos, y del que solo se puede salir por sendas tortuosas, de modo que un puñado de enemigos bastaría para aplastar a un gran número de los nuestros, es terreno cercado.
10. El terreno en el que solo podemos librarnos de la destrucción luchando sin demora es terreno desesperado.
11. Por tanto, en terreno de dispersión, no combatas. En terreno fácil, no te detengas. En terreno disputado, no ataques.
12. En terreno abierto, no intentes cerrar el paso al enemigo. En terreno de encrucijada, estrecha lazos con tus aliados.
13. En terreno grave, recoge botín. En terreno difícil, mantén la marcha sin pausa.
14. En terreno cercado, recurre a la estratagema. En terreno desesperado, lucha.
15. Los que antaño eran llamados jefes hábiles sabían abrir una cuña entre la vanguardia y la retaguardia del enemigo; impedir la cooperación entre sus divisiones grandes y pequeñas; estorbar que las tropas buenas socorrieran a las malas y que los oficiales reagruparan a sus hombres.
16. Cuando los hombres del enemigo estaban dispersos, les impedían concentrarse; incluso cuando sus fuerzas estaban unidas, se las arreglaban para mantenerlas en desorden.
17. Cuando les convenía, avanzaban; cuando no, permanecían quietos.
18. Si se me preguntara cómo hacer frente a una gran hueste enemiga en formación ordenada y a punto de marchar al ataque, respondería: «Empieza por apoderarte de algo que tu adversario aprecie; entonces se plegará a tu voluntad».
19. La rapidez es la esencia de la guerra: aprovecha la desprevención del enemigo, avanza por rutas inesperadas y ataca los puntos desguarnecidos.
20. Estos son los principios que debe observar una fuerza invasora: cuanto más penetres en un país, mayor será la cohesión de tus tropas, y así los defensores no prevalecerán contra ti.
21. Haz incursiones en país fértil para abastecer de víveres a tu ejército.
22. Vela con atención por el bienestar de tus hombres y no los agotes. Concentra tu energía y reserva tus fuerzas. Mantén a tu ejército en movimiento continuo y trama planes insondables.
23. Lanza a tus soldados a posiciones sin escapatoria y preferirán la muerte a la huida. Si están dispuestos a morir, no hay nada que no puedan lograr. Oficiales y soldados por igual darán hasta la última gota de sus fuerzas.
24. Los soldados, en un aprieto desesperado, pierden el sentido del miedo. Si no hay refugio posible, se mantendrán firmes. Si están en el corazón de un país hostil, opondrán un frente tenaz. Si no hay otro remedio, lucharán con dureza.
25. Así, sin esperar a que se les forme, los soldados estarán siempre alerta; sin esperar a que se les pida, cumplirán tu voluntad; sin imposiciones, serán leales; sin necesidad de órdenes, se podrá confiar en ellos.
26. Prohíbe la consulta de presagios y disipa las dudas supersticiosas. Entonces, hasta que llegue la propia muerte, no habrá calamidad que temer.
27. Si nuestros soldados no van cargados de dinero, no es porque desdeñen las riquezas; si sus vidas no son especialmente largas, no es porque les desagrade la longevidad.
28. El día en que se les ordena salir a combatir, tus soldados pueden llorar: los que están sentados, empapando sus ropas; los que están tumbados, dejando correr las lágrimas por las mejillas. Pero ponlos entre la espada y la pared, y mostrarán el valor de un Chu o de un Kuei.
29. El táctico hábil puede compararse al *shuai-jan*. El *shuai-jan* es una serpiente que se encuentra en los montes Ch'ang. Golpéala en la cabeza y te atacará con la cola; golpéala en la cola y te atacará con la cabeza; golpéala en el medio y te atacará con la cabeza y la cola a la vez.
30. Si se me preguntara si un ejército puede imitar al *shuai-jan*, respondería que sí. Porque los hombres de Wu y los hombres de Yüeh son enemigos; y sin embargo, si cruzan un río en la misma barca y los sorprende una tormenta, se socorrerán unos a otros igual que la mano izquierda ayuda a la derecha.
31. Por eso no basta con confiar en atar los caballos y enterrar las ruedas de los carros.
32. El principio para dirigir un ejército es fijar un único nivel de valor que todos deban alcanzar.
33. Cómo sacar el mejor partido de fuertes y débiles: he ahí una cuestión que atañe al uso adecuado del terreno.
34. Así, el general hábil conduce su ejército como si llevara de la mano a un solo hombre, quiera este o no.
35. Corresponde al general ser sereno, y así garantizar el secreto; recto y justo, y así mantener el orden.
36. Debe ser capaz de desconcertar a sus oficiales y soldados con informes y apariencias falsas, manteniéndolos así en completa ignorancia.
37. Alterando sus disposiciones y cambiando sus planes, impide que el enemigo sepa nada con certeza. Trasladando su campamento y tomando rutas sinuosas, evita que el enemigo anticipe su propósito.
38. En el momento crítico, el jefe de un ejército actúa como quien trepa a una altura y luego retira la escalera tras de sí. Lleva a sus hombres a lo profundo del territorio hostil antes de descubrir su juego.
39. Quema sus barcas y rompe sus ollas; como un pastor que conduce un rebaño de ovejas, lleva a sus hombres de acá para allá sin que nadie sepa adónde va.
40. Reunir su hueste y llevarla al peligro: en esto puede decirse que consiste el oficio del general.
41. Las distintas medidas que convienen a las nueve clases de terreno; la conveniencia de la táctica ofensiva o defensiva; y las leyes fundamentales de la naturaleza humana: he aquí cosas que sin duda alguna deben estudiarse.
1. Sun Tzu dijo: Hay cinco maneras de atacar con fuego. La primera es quemar a los soldados en su campamento; la segunda, quemar las provisiones; la tercera, quemar los convoyes de bagajes; la cuarta, quemar los arsenales y almacenes; la quinta, arrojar fuego sobre las filas enemigas.
2. Para llevar a cabo un ataque debemos contar con los medios necesarios. El material para prender fuego ha de mantenerse siempre preparado.
3. Hay una estación propicia para atacar con fuego, y días especiales para provocar un incendio.
4. La estación propicia es cuando el tiempo es muy seco; los días especiales son aquellos en que la luna se encuentra en las constelaciones del Cedazo, el Muro, el Ala o el Travesaño, pues esos cuatro son días de viento en ascenso.
5. Al atacar con fuego, hay que estar preparado para hacer frente a cinco situaciones posibles:
6. (1) Cuando el fuego estalle dentro del campamento enemigo, responde de inmediato con un ataque desde fuera.
7. (2) Si se declara un incendio pero los soldados enemigos permanecen tranquilos, aguarda tu momento y no ataques.
8. (3) Cuando la fuerza de las llamas alcance su punto más alto, remata con un ataque si es factible; si no lo es, quédate donde estás.
9. (4) Si es posible lanzar el asalto con fuego desde fuera, no esperes a que estalle dentro: ataca en el momento favorable.
10. (5) Cuando prendas un fuego, sitúate a barlovento. No ataques desde sotavento.
11. El viento que se levanta de día dura mucho; la brisa nocturna amaina pronto.
12. En todo ejército deben conocerse las cinco situaciones ligadas al fuego, calcularse los movimientos de las estrellas y vigilarse la llegada de los días propicios.
13. Así pues, quienes emplean el fuego como apoyo del ataque demuestran inteligencia; quienes emplean el agua como apoyo del ataque ganan en fuerza.
14. Con el agua se puede cortar el paso al enemigo, pero no despojarlo de todos sus bienes.
15. Triste es la suerte de quien pretende ganar sus batallas y triunfar en sus ataques sin cultivar el espíritu de iniciativa, pues el resultado es pérdida de tiempo y estancamiento general.
16. De ahí el dicho: el gobernante ilustrado traza sus planes con mucha antelación; el buen general cuida sus recursos.
17. No te muevas si no ves una ventaja; no emplees a tus tropas si no hay nada que ganar; no combatas si la situación no es crítica.
18. Ningún gobernante debe poner tropas en campaña solo para desahogar su cólera; ningún general debe librar batalla por simple despecho.
19. Si te conviene, avanza; si no, quédate donde estás.
20. La ira puede, con el tiempo, tornarse en alegría; el enojo puede dar paso al contento.
21. Pero un reino destruido no puede volver a existir, ni los muertos regresar a la vida.
22. Por eso el gobernante ilustrado es prudente, y el buen general, cauteloso. Este es el camino para mantener el país en paz y el ejército intacto.
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1. Sun Tzu dijo: Levantar un ejército de cien mil hombres y hacerlo marchar grandes distancias supone graves pérdidas para el pueblo y un desgaste de los recursos del Estado. El gasto diario ascenderá a mil onzas de plata. Habrá agitación dentro y fuera del país, y los hombres caerán exhaustos por los caminos. Hasta setecientas mil familias verán entorpecido su trabajo.
2. Dos ejércitos enemigos pueden enfrentarse durante años en pos de una victoria que se decide en un solo día. Siendo así, permanecer en la ignorancia de la situación del enemigo solo por escatimar cien onzas de plata en honores y recompensas es el colmo de la inhumanidad.
3. Quien así actúa no es caudillo de hombres, ni ayuda útil para su soberano, ni artífice de la victoria.
4. Así pues, lo que permite al soberano sabio y al buen general golpear y vencer, y lograr cosas fuera del alcance de los hombres corrientes, es el conocimiento previo.
5. Ahora bien, ese conocimiento previo no puede obtenerse de los espíritus; no puede extraerse de la experiencia por inducción, ni alcanzarse por ningún cálculo deductivo.
6. El conocimiento de las disposiciones del enemigo solo puede obtenerse de otros hombres.
7. De ahí el empleo de espías, de los que hay cinco clases: (1) espías locales; (2) espías internos; (3) espías convertidos; (4) espías condenados; (5) espías supervivientes.
8. Cuando estas cinco clases de espías trabajan a la vez, nadie puede descubrir el sistema secreto. Es lo que se llama «el manejo divino de los hilos», y es la facultad más preciada del soberano.
9. Tener espías locales significa emplear los servicios de los habitantes de un distrito.
10. Tener espías internos, servirse de los funcionarios del enemigo.
11. Tener espías convertidos, apoderarse de los espías del enemigo y usarlos para nuestros propios fines.
12. Tener espías condenados, hacer abiertamente ciertas cosas con ánimo de engañar, y permitir que nuestros propios espías las conozcan y las comuniquen al enemigo.
13. Los espías supervivientes, por último, son los que regresan con noticias del campamento enemigo.
14. De ahí que con nadie en todo el ejército deban mantenerse relaciones más estrechas que con los espías. Nadie debe ser recompensado con más generosidad. En ningún otro asunto debe guardarse mayor secreto.
15. Los espías no pueden emplearse con provecho sin una cierta sagacidad intuitiva.
16. No pueden dirigirse como es debido sin benevolencia y rectitud.
17. Sin una sutil agudeza de espíritu, no es posible asegurarse de la verdad de sus informes.
18. ¡Sé sutil! ¡Sé sutil! Y emplea a tus espías para toda clase de asuntos.
19. Si un espía divulga una noticia secreta antes de tiempo, debe morir junto con el hombre a quien se la contó.
20. Ya se trate de aplastar un ejército, de asaltar una ciudad o de asesinar a una persona, siempre es necesario empezar por averiguar los nombres de los sirvientes, los ayudantes de campo, los porteros y los centinelas del general al mando. Nuestros espías deben recibir el encargo de averiguarlos.
21. A los espías enemigos que hayan venido a espiarnos hay que buscarlos, tentarlos con sobornos, atraerlos a nuestro bando y alojarlos con comodidad. Así se convertirán en espías convertidos y quedarán a nuestro servicio.
22. Gracias a la información que aporta el espía convertido podemos reclutar y emplear espías locales e internos.
23. Gracias a su información, también, podemos hacer que el espía condenado lleve noticias falsas al enemigo.
24. Por último, es su información la que permite emplear al espía superviviente en las ocasiones señaladas.
25. El fin y el objeto del espionaje, en sus cinco variedades, es el conocimiento del enemigo; y ese conocimiento solo puede proceder, en primera instancia, del espía convertido. Por eso es esencial tratar al espía convertido con la máxima generosidad.
26. Antaño, el ascenso de la dinastía Yin se debió a I Chih, que había servido a los Hsia. Del mismo modo, el ascenso de la dinastía Chou se debió a Lü Ya, que había servido a los Yin.
27. Por eso solo el gobernante ilustrado y el general sabio emplean a las inteligencias más altas del ejército para el espionaje, y así logran grandes resultados. Los espías son un elemento fundamental en la guerra, porque de ellos depende la capacidad de movimiento de un ejército.
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