
En 1513, desterrado de la Florencia a la que había servido, Maquiavelo escribió en unos meses el libro que cambiaría para siempre la forma de pensar el poder. El Príncipe no pregunta cómo debería ser un gobernante, sino cómo es en realidad: describe, sin moral ni consuelo, cómo se conquista, se conserva y se pierde el poder. La virtud y la fortuna, la zorra y el león, si es mejor ser amado o temido. Cinco siglos después sigue siendo el manual más lúcido —y más incómodo— sobre la política real, leído por gobernantes, directivos y cualquiera que quiera entender cómo funciona de verdad el mundo.
Existe también en edición de papel
El Príncipe se escribió en 1513, en la finca donde Nicolás Maquiavelo (1469-1527) pasaba su destierro tras la caída de la República de Florencia, a la que había servido durante catorce años como secretario y diplomático. Lo dedicó a Lorenzo de Médici con la esperanza —nunca cumplida— de recuperar un cargo público.
Su novedad fue brutal: en lugar de imaginar gobernantes ideales, como hacía la tradición, Maquiavelo observó a los reales. Separó por primera vez la política de la moral y de la religión, y estudió el poder como un mecanismo que se puede analizar. De ahí conceptos que ya no nos abandonan: la virtù (la capacidad y la voluntad del que actúa) frente a la fortuna (el azar y las circunstancias); la idea de que un príncipe debe saber ser, según convenga, zorra para reconocer las trampas y león para espantar a los lobos.
El libro le dio fama e infamia a partes iguales: de su nombre nació el adjetivo «maquiavélico». Pero reducirlo a un manual de cinismo es no haberlo leído: es, sobre todo, una mirada descarnadamente honesta sobre cómo se ejerce el poder. Por eso lo siguen leyendo, cinco siglos después, quienes mandan y quienes quieren entender a los que mandan.
No he adornado ni rellenado esta obra con cláusulas ampulosas o palabras pomposas y magníficas, ni con ninguno de esos atractivos o adornos superficiales con los que muchos acostumbran describir y engalanar sus cosas, porque he querido que nada la honre o que solo la variedad de la materia y la gravedad del asunto la hagan grata.
Así como quienes dibujan los paisajes se sitúan abajo en el llano para considerar la naturaleza de los montes y los lugares elevados, y para considerar la de los bajos se sitúan arriba en los montes, de igual manera, para conocer bien la naturaleza de los pueblos es necesario ser príncipe, y para conocer bien la de los príncipes es necesario ser del pueblo.
Los hombres cambian de buen grado de señor creyendo mejorar, y esta creencia los lleva a tomar las armas contra él; pero se engañan, porque luego la experiencia les muestra que han empeorado.
A los hombres hay que conquistarlos o eliminarlos, porque se vengan de las ofensas ligeras, de las graves no pueden.
Quien es causa de que otro se haga poderoso, arruina a sí mismo; porque aquel poder es causado por él o con habilidad o con fuerza, y ambas cosas son sospechosas para quien se ha vuelto poderoso.
Conociendo de lejos los males que nacen en él, se curan rápidamente; pero cuando, por no haberlos conocido, se les deja crecer de modo que todos los conocen, ya no hay remedio.
La guerra no se evita, sino que se aplaza en ventaja de otros.
No hay cosa más difícil de emprender, ni de éxito más dudoso, ni más peligrosa de manejar, que hacerse promotor de nuevas leyes.
La naturaleza de los pueblos es variable; y es fácil persuadirlos de algo, pero es difícil mantenerlos firmes en esa persuasión.
Una ciudad acostumbrada a vivir libre se mantiene más fácilmente mediante sus propios ciudadanos que de cualquier otro modo, si se quiere conservarla.
No se puede llamar virtud matar a los propios ciudadanos, traicionar a los amigos, no tener fe, piedad ni religión; estos modos pueden hacer ganar poder, pero no gloria.
El Príncipe es un tratado político sobre cómo adquirir, mantener y ejercer el poder. Analiza los distintos tipos de principados y las estrategias necesarias para gobernar con éxito, usando ejemplos históricos y consejos prácticos.
Nicolás Maquiavelo, diplomático, político y escritor florentino del Renacimiento, lo escribió en 1513 y lo dedicó a Lorenzo de Médici.
El Príncipe tiene 27 capítulos (aunque algunos están solo parcialmente presentes en esta edición), organizados temáticamente desde los tipos de principados hasta las cualidades del gobernante.
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Nicolás Maquiavelo (2026). El Príncipe (Clasicalia, trad.). Clasicalia. https://clasicalia.com/el-principe/
Nicolás Maquiavelo. El Príncipe. Traducción de Clasicalia, Clasicalia, 2026, clasicalia.com/el-principe/.
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