12 frases sacadas una a una de nuestras traducciones. No son citas de internet: cada una está comprobada contra el texto que puedes leer aquí mismo.
El Tao Te Ching se atribuye tradicionalmente a Lao Tse (老子, «Viejo Maestro»), una figura semilegendaria que habría vivido en China en el siglo VI a.C., aunque los estudiosos modernos datan el texto entre los siglos IV y III a.C. y consideran probable que sea obra de varios autores. La leyenda cuenta que Lao Tse, guardián de los archivos reales, decidió abandonar la civilización; al cruzar la frontera occidental, el guardián de la puerta le pidió que dejara constancia de su sabiduría. El resultado fueron estos ochenta y un capítulos.
El Tao que puede nombrarse no es el Tao eterno.
Por eso el sabio actúa sin hacer, enseña sin palabras.
Ser y no-ser se engendran mutuamente.
La bondad suprema es como el agua.
Lo que es trae provecho, pero lo que no es hace posible el uso.
Conocer a los demás es inteligencia; conocerse a sí mismo es verdadera sabiduría.
Lo suave y débil vence a lo duro y fuerte.
El Tao nunca actúa, sin embargo nada queda sin hacer.
Quien sabe no habla. Quien habla no sabe.
El retorno es el movimiento del Tao.
Saber que no se sabe, eso es lo superior.
Nada bajo el cielo es más blando y flexible que el agua. Pero para atacar lo duro y rígido nada puede superarla.
De nuestra propia traducción al español, hecha desde el original. Cada frase se ha comprobado palabra por palabra contra el texto publicado en Clasicalia; las que no aparecían literalmente se descartaron.
Sí. «Tao Te Ching» está en Clasicalia al completo, online y sin registro.