El estoicismo es la filosofía antigua que más se lee hoy, y con razón: es eminentemente práctica. No pregunta cómo es el universo, sino cómo vivir en él sin perder la serenidad. Su idea central es sencilla y demoledora: hay cosas que dependen de nosotros —nuestros juicios y actos— y cosas que no; la paz está en ocuparnos de las primeras y aceptar las segundas.
Tres voces lo dicen desde vidas muy distintas: Marco Aurelio, el emperador que se escribía a sí mismo; Séneca, el consejero riquísimo que predicaba la sobriedad; y Epicteto, el esclavo que se hizo maestro de la libertad interior. Leerlos es como recibir cartas de alguien que ya pasó por lo que te preocupa.
Una filosofía griega y romana que enseña a vivir conforme a la razón, distinguiendo lo que depende de nosotros de lo que no, para alcanzar la serenidad (ataraxia).
El «Enquiridión» de Epicteto y las «Meditaciones» de Marco Aurelio son las dos mejores puertas de entrada: breves, directos y prácticos.