27 frases sacadas una a una de nuestras traducciones. No son citas de internet: cada una está comprobada contra el texto que puedes leer aquí mismo.
Lucio Anneo Séneca (c. 4 a. C.-65 d. C.) nació en Córdoba, hizo carrera en Roma, fue desterrado a Córcega ocho años y volvió para ser preceptor de Nerón y luego su consejero. Se retiró en el año 62; en el 65, acusado de conspirar, Nerón le ordenó suicidarse y él obedeció. En Clasicalia están también su «Sobre la brevedad de la vida» y «Sobre la ira».
La ira es una locura breve; pues igualmente carece de autocontrol, olvida el decoro, no recuerda los vínculos afectivos, es obstinada e inflexible en lo que ha comenzado, cerrada a la razón y al consejo.
Ninguna plaga le ha costado más cara al género humano.
El hombre nació para la ayuda mutua, la ira para la destrucción; este quiere congregarse, aquella separarse.
Lo mejor es despreciar de inmediato el primer estímulo de la ira y resistir a sus propias semillas, y esforzarnos por no caer en la ira.
En las primeras fronteras, digo, debe mantenerse alejado el enemigo; pues cuando ha entrado y se ha introducido por las puertas, no acepta límites de los cautivos.
La razón nunca tomará como ayuda los impulsos imprevistos y violentos, ante los cuales ella misma no tiene ninguna autoridad.
El hombre bueno cumplirá sus deberes sereno e intrépido; y hará lo que es digno de un hombre bueno de tal manera que no haga nada indigno de un hombre.
No es propio del sabio odiar a quien se equivoca; de lo contrario, se odiará a sí mismo.
A quien vaga por los campos por desconocer el camino, es mejor encaminarlo hacia la ruta correcta que expulsarlo.
Nada conviene menos a quien castiga que enfadarse, puesto que el castigo aprovecha más para la enmienda si se aplica con juicio.
Sócrates dijo a su esclavo: «Te golpearía si no estuviera enfadado».
Nada hay en la ira, ni siquiera cuando parece vehemente y desprecia a dioses y hombres, que sea grande, nada noble.
No tenemos poco tiempo, sino que hemos perdido mucho.
No recibimos una vida breve, sino que la hemos hecho breve, y no somos pobres de ella, sino derrochadores.
La vida, si sabes usarla, es larga.
Pequeña es la parte de la vida que vivimos. Pues todo lo demás no es vida, sino tiempo.
Nadie se reclama para sí mismo, uno se consume por el otro.
Vivís como si fuerais a vivir siempre, nunca caéis en la cuenta de vuestra fragilidad.
¡Qué tarde es empezar a vivir cuando hay que terminar!
Nada está más lejos del hombre ocupado que vivir: no hay conocimiento más difícil que este.
La mayor pérdida de la vida es, precisamente, la dilación: ella nos roba cada día, ella nos arrebata el presente mientras nos promete el futuro.
Todo lo que está por venir yace en la incertidumbre: vive ahora mismo.
Solo entre todos están ociosos quienes se dedican a la sabiduría, solo ellos viven.
La vida del sabio se extiende ampliamente; no lo encierra el mismo límite que a los demás; solo él queda libre de las leyes del género humano.
Haz esto, querido Lucilio: reclama tu derecho sobre ti mismo, y recoge y conserva el tiempo que hasta ahora te robaban, te hurtaban o se te escapaba.
A quienes pasan la vida viajando les ocurre que tienen muchos hospedajes, ninguna amistad
Nadie va tras la sangre humana por sí misma, o muy pocos; son más los que calculan que los que odian.
De nuestra propia traducción al español, hecha desde el original. Cada frase se ha comprobado palabra por palabra contra el texto publicado en Clasicalia; las que no aparecían literalmente se descartaron.
Sí. Sus 3 obras están en Clasicalia al completo, online y sin registro.