Capítulo 1La poesía y sus modos de imitación
Me propongo tratar de la poesía en sí misma y de sus diversas clases, señalando la cualidad esencial de cada una; investigar la estructura de la trama como requisito de un buen poema; el número y la naturaleza de las partes de que se compone un poema; y de modo semejante todo lo demás que caiga dentro de la misma investigación. Siguiendo, pues, el orden de la naturaleza, comencemos por los principios que vienen primero.
La poesía épica y la tragedia, también la comedia y la poesía ditirámbica, y la música de flauta y de lira en la mayoría de sus formas, son todas en su concepción general modos de imitación. Difieren, sin embargo, unas de otras en tres aspectos: el medio, los objetos, la manera o modo de imitación, siendo en cada caso distintos.
Pues así como hay personas que, por arte consciente o mero hábito, imitan y representan diversos objetos a través del medio del color y la forma, o bien por medio de la voz; así en las artes arriba mencionadas, tomadas en su conjunto, la imitación se produce mediante ritmo, lenguaje o armonía, ya sea individualmente o combinados.
Así en la música de flauta y de lira se emplean solo la armonía y el ritmo; también en otras artes, como la de la flauta pastoril, que son esencialmente similares a estas. En la danza se usa solo el ritmo sin armonía; pues incluso la danza imita carácter, emoción y acción mediante el movimiento rítmico.
Hay otro arte que imita por medio del lenguaje solo, ya sea en prosa o en verso —verso que, a su vez, puede combinar diferentes metros o consistir en una sola clase—, pero este hasta ahora ha estado sin nombre. Pues no hay un término común que podamos aplicar a los mimos de Sofrón y Jenarco y los diálogos socráticos por un lado; y, por otro, a las imitaciones poéticas en verso yámbico, elegíaco o cualquier metro similar.
La gente, en efecto, añade la palabra «hacedor» o «poeta» al nombre del metro, y habla de poetas elegíacos, o poetas épicos (es decir, hexamétricos), como si no fuera la imitación lo que hace al poeta, sino el verso lo que les da a todos indiscriminadamente ese nombre. Incluso cuando un tratado de medicina o ciencia natural se publica en verso, por costumbre se da al autor el nombre de poeta; y sin embargo Homero y Empédocles no tienen nada en común salvo el metro, de modo que sería correcto llamar a uno poeta, al otro físico más bien que poeta.
Según el mismo principio, incluso si un escritor en su imitación poética combinara todos los metros, como hizo Queremón en su Centauro, que es una mezcolanza compuesta de metros de todas clases, deberíamos incluirlo también bajo el término general de poeta. Baste esto, pues, en cuanto a estas distinciones.
Hay, asimismo, algunas artes que emplean todos los medios arriba mencionados, a saber, ritmo, melodía y metro. Tales son la poesía ditirámbica y nómica, y también la tragedia y la comedia; pero entre ellas la diferencia es que en los dos primeros casos estos medios se emplean todos en combinación, en los últimos, ahora se emplea un medio, ahora otro.
Tales son, pues, las diferencias de las artes con respecto al medio de imitación.
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