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Parte 9La igualdad entre amigos

Sobre la amistad · Cicerón · 4 min de lectura

66. A esto debe añadirse cierta amabilidad en las conversaciones y en el trato, condimento nada despreciable de la amistad. La tristeza y la severidad en todo tienen, desde luego, su dignidad, pero la amistad debe ser más relajada, más libre, más dulce y más inclinada a toda cordialidad y facilidad.

67. Surge aquí una cuestión bastante delicada: si en algún momento los amigos nuevos, dignos de amistad, deben anteponerse a los antiguos, como solemos anteponer los caballos jóvenes a los viejos. ¡Duda indigna de un ser humano! Pues no debe haber hartazgo de las amistades como de otras cosas; las más antiguas, como aquellos vinos que soportan el envejecimiento, deben ser las más gratas; y es verdad aquello que se dice, que hay que comer juntos muchos celemines de sal para que el don de la amistad quede cumplido.

68. Ahora bien, si las novedades traen esperanza, de modo que, como en las hierbas que no engañan, se vea aparecer el fruto, no deben ser rechazadas, pero la antigüedad debe conservarse en su lugar; pues inmensa es la fuerza de la antigüedad y la costumbre. Es más, en el propio caballo del que acabo de hacer mención, si nada lo impide, no hay nadie que no prefiera usar aquel al que está acostumbrado antes que uno sin domar y nuevo.

Y no solo en esto que es un animal, sino también en las cosas inanimadas vale la costumbre, ya que nos agradan los propios lugares, incluso montañosos y boscosos, en los que hemos permanecido más tiempo.

69. Pero lo más importante en la amistad es que el superior se iguale al inferior. Pues a menudo hay ciertas superioridades, como la que tenía Escipión en nuestro grupo, por así decirlo. Nunca se antepuso él a Filo, nunca a Rupilio, nunca a Mumio, nunca a los amigos de rango inferior; y a Quinto Máximo, su hermano, hombre excelente en todo sentido pero en absoluto igual a él, porque le superaba en edad, lo trataba como a un superior, y quería que todos los suyos pudieran ser más importantes gracias a él.

70. Esto debe hacerse e imitarse por todos, de modo que, si han alcanzado alguna superioridad en virtud, talento o fortuna, la compartan con los suyos y la comuniquen a los más cercanos, para que, si han nacido de padres humildes, si tienen parientes más débiles de ánimo o de fortuna, aumenten sus recursos y les sean motivo de honor y dignidad. Como en las fábulas, quienes durante algún tiempo estuvieron en servidumbre por desconocimiento de su linaje y origen, cuando son reconocidos y descubiertos como hijos de dioses o de reyes, conservan sin embargo el cariño hacia los pastores a quienes consideraron padres durante muchos años.

Lo cual debe hacerse mucho más, sin duda, con los padres verdaderos y ciertos. Pues el fruto del talento y la virtud y de toda superioridad se recoge sobre todo cuando se confiere a cada uno de los más cercanos.

71. Así pues, como aquellos que están en vínculo de amistad y unión siendo superiores deben igualarse con los inferiores, así los inferiores no deben dolerse de ser superados por los suyos en talento, fortuna o dignidad. La mayoría de estos o se quejan siempre de algo o incluso lo echan en cara, y más aún si creen tener algo que puedan decir que se hizo con dedicación, amistad y algún esfuerzo de su parte. Detestable es, ciertamente, la clase de personas que echan en cara los favores; debe recordarlos aquel sobre quien se depositaron, no mencionarlos quien los otorgó.

72. Por lo cual, así como los que son superiores deben rebajarse en la amistad, así de algún modo los inferiores deben elevarse. Pues hay algunos que hacen molestas las amistades cuando creen que se les desprecia; lo cual no suele ocurrir sino a quienes también consideran que son despreciables; a estos hay que liberarlos de esa opinión no solo con palabras sino también con hechos.

73. Ahora bien, a cada uno debe dársele, primero, tanto como tú mismo puedas conseguir, y después también tanto como aquel a quien aprecias y ayudas pueda sostener. Pues ni tú puedes, por muy destacado que seas, llevar a todos los tuyos a los honores más altos, como Escipión pudo hacer cónsul a Publio Rupilio pero no pudo hacerlo con su hermano Lucio. Y aunque pudieras conferir cualquier cosa a otro, debe verse sin embargo qué puede él sostener.

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