Parte 2El discurso de Fedro
Fedro comenzó afirmando que Eros es un dios poderoso, y admirable entre dioses y hombres, pero especialmente admirable en su nacimiento. Pues es el más antiguo de los dioses, lo cual es un honor para él; y una prueba de su derecho a este honor es que de sus padres no hay memoria alguna; ni poeta ni prosista ha afirmado jamás que tuviera alguno. Como dice Hesíodo:
«Primero fue el Caos, y luego la Tierra de amplio pecho, asiento eterno de todo lo que es, y Eros».
En otras palabras, después del Caos, la Tierra y Eros, estos dos, vinieron a la existencia. También Parménides canta sobre el Origen:
«Primero en la procesión de los dioses, él forjó a Eros».
Y Acusilao coincide con Hesíodo. Así de numerosos son los testigos que reconocen a Eros como el más antiguo de los dioses. Y no solo es el más antiguo, sino que también es la fuente de los mayores beneficios para nosotros. Pues no conozco bendición mayor para un joven que está comenzando la vida que un amante virtuoso, ni para el amante que un amado joven. Porque el principio que debe ser la guía de los hombres que quieren vivir noblemente —ese principio, digo—, ni el parentesco, ni el honor, ni la riqueza, ni ningún otro motivo es capaz de inculcarlo tan bien como el amor.
¿De qué estoy hablando? Del sentido del honor y la deshonra, sin el cual ni los estados ni los individuos hacen jamás nada bueno o grande. Y digo que un amante que es sorprendido cometiendo algún acto deshonroso, o sometiéndose por cobardía cuando otro le inflige alguna deshonra, sufrirá más al ser descubierto por su amado que al ser visto por su padre, o por sus compañeros, o por cualquier otro. El amado también, cuando se encuentra en alguna situación vergonzosa, tiene el mismo sentimiento respecto a su amante.
Y si hubiera alguna manera de disponer que un estado o un ejército estuviera formado por amantes y sus amados, serían los mejores gobernantes de su propia ciudad, absteniéndose de toda deshonra y emulándose unos a otros en honor; y cuando lucharan uno al lado del otro, aunque fueran un puñado, vencerían al mundo. Pues ¿qué amante no preferiría ser visto por toda la humanidad antes que por su amado, ya sea abandonando su puesto o arrojando sus armas?
Estaría dispuesto a morir mil muertes antes que soportar esto. ¿O quién abandonaría a su amado o le fallaría en la hora del peligro? El más cobarde se convertiría en un héroe inspirado, igual al más valiente, en tal momento; Eros lo inspiraría. Ese coraje que, como dice Homero, el dios infunde en las almas de algunos héroes, Eros por su propia naturaleza lo infunde en el amante.
Eros hará que los hombres se atrevan a morir por su amado —solo el amor; y las mujeres tanto como los hombres. De esto, Alcestis, la hija de Pelias, es un monumento para toda la Hélade; pues estuvo dispuesta a entregar su vida en favor de su esposo, cuando nadie más lo haría, aunque él tenía padre y madre; pero la ternura de su amor superó tanto la de ellos, que los hizo parecer extraños en sangre para su propio hijo, y solo relacionados con él de nombre;
y tan noble pareció esta acción suya a los dioses, así como a los hombres, que entre los muchos que han obrado virtuosamente ella es una de los muy pocos a quienes, en admiración de su noble acción, han concedido el privilegio de regresar viva a la tierra; tal es el honor excepcional que los dioses rinden a la devoción y virtud del amor. Pero a Orfeo, el hijo de Eagro, el arpista, lo enviaron de vuelta con las manos vacías, y le presentaron solo una aparición de aquella a quien buscaba, pero a ella misma no se la entregaron, porque no mostró espíritu; era solo un tañedor de arpa, y no se atrevió como Alcestis a morir por amor, sino que estuvo tramando cómo podría entrar vivo al Hades; además, después hicieron que sufriera la muerte a manos de mujeres, como castigo por su cobardía.
Muy diferente fue la recompensa del verdadero amor de Aquiles hacia su amante Patroclo —su amante y no su amado (la noción de que Patroclo era el amado es un error necio en el que ha caído Esquilo, pues Aquiles era sin duda el más hermoso de los dos, más hermoso también que todos los otros héroes; y, como nos informa Homero, todavía no tenía barba, y era mucho más joven). Y por mucho que los dioses honren la virtud del amor, aun así la correspondencia del amor por parte del amado hacia el amante es más admirada y valorada y recompensada por ellos, pues el amante es más divino; porque está inspirado por el dios.
Ahora bien, Aquiles era perfectamente consciente, pues le había sido dicho por su madre, de que podría evitar la muerte y regresar a casa, y vivir hasta una buena vejez, si se abstenía de matar a Héctor. Sin embargo entregó su vida para vengar a su amigo, y se atrevió a morir, no solo en su defensa, sino después de que este estaba muerto. Por eso los dioses lo honraron incluso por encima de Alcestis, y lo enviaron a las Islas de los Bienaventurados.
Estas son mis razones para afirmar que Eros es el más antiguo y noble y poderoso de los dioses; y el principal autor y dador de virtud en la vida, y de felicidad después de la muerte.
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